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EL TERNO ROJO DE SAN PEDRO

Un conjunto de vestiduras para la celebración de la Eucaristía,  obra del afamado taller toledano de Molero.

1826 - 2026

La catedral de Sigüenza se alegra de presentar por primera vez ante el público (tanto general como especializado) el terno rojo de la capilla parroquial de San Pedro con motivo del segundo centenario de su elaboración.

            Un terno es un “conjunto de vestiduras para la misa que usa el sacerdote y sus ministros (diácono y subdiácono)”. Éste en concreto se compone de un total de 15 piezas: una casulla, dos dalmáticas (con sus correspondientes collarines), dos estolas, tres manípulos, un humeral, un frontal de altar, una bolsa de corporales, un cubrecáliz y una capa pluvial. Precisamente debajo del elemento central de ésta última, el capillo, encontramos una inscripción tejida que nos informa de sus autores (“REAL FABRICA DE MOLERO, HERNANDEZ, Y COMPAÑIA”), la ciudad de producción (“EN TOLEDO”) y la fecha (“AÑO DE 1826”).

 

Esta manufactura surgió del impulso con el que el rey Carlos II y, especialmente, los borbones del S. XVIII intentaron revivir la maltrecha industria sedera española. Los Molero, no obstante, tuvieron que hacer frente al viejo gremio de la seda de la ciudad de Toledo, que con sus rígidas normas por un parte velaban por la calidad de los tejidos, pero por otra impedían tanto la instalación de nuevos talleres que rompieran su monopolio como la incorporación de las novedades que por entonces llegaban de Francia. En su lucha, pidieron ayuda al rey Carlos III que, siempre preocupado por la modernización e industrialización de su país, los apoyó permitiendo que utilizaran el título de “real fábrica”. Por su parte, un nutrido grupo de obispos ilustrados se ocuparon en extender estas reformas por todo el territorio. Fueron ellos los que encargaron un mayor número de conjuntos a la fábrica para donarlos a sus sedes y a las iglesias con las que estaban vinculados. Los Molero generaron puestos de trabajo y contribuyeron al desarrollo económico, pero por otra parte sus productos, de la máxima calidad, solo podían ser consumidos por una reducida élite. Por todo esto, estos ternos constituyen una manifestación muy significativa del despotismo ilustrado.

Técnicamente se caracterizan por estar tejidos “a la forma”. Esto significa que cada una de las prendas salían del telar tal y como iba a ser usadas. No hacía falta unir varios trozos de tela, ni bordar, ni siquiera coser las cintas doradas (galones); tan solo había que añadir el forro. Por otra parte, la disposición de la decoración consistía en un eje central con un motivo vegetal del que salen roleos y otros elementos también vegetales. Estas dos características hacen que los “Molero” sean fácilmente reconocibles.

A comienzos del S. XIX, momento en el que se sitúa el presente terno, la fábrica se recuperaba del parón de la Guerra de Independencia y se beneficiaba del régimen continuista y absolutista de Fernando VII. Eso sí, la decoración tuvo que adaptarse a la nueva moda neoclásica: los motivos vegetales adoptaron un estilo “pompeyano” y el eje central se convirtió en un jarrón de gusto grecorromano.

Más tarde, los Molero no pudieron competir con las nuevas factorías mecanizadas que nacieron tras la revolución industrial, sobre todo en Valencia.  Paralelamente, la revolución liberal y sus leyes de desamortización de los bienes de la Iglesia provocaron que perdiera su principal cliente. La calidad disminuyó, la creatividad decaía en modelos que se repetían sin modificaciones y los encargos se volvían cada vez más escasos; hasta que el cierre definitivo llegó en 1891.  

  1. Humeral: prenda que se coloca detrás de los hombros y cubre las manos. De esta manera el subdiácono tomaba la patena y los sacerdotes (presbíteros) toman la custodia sin tocarlas en señal de respeto.
  2. Dalmática: como su nombre indica proviene de Dalmacia. Prenda que cubre la parte delantera y trasera y que cuenta con mangas abiertas. Es propia de los diáconos. El subdiácono llevaba una “tunicella”, es decir, una especie de dalmática simplificada que con el tiempo acabó siendo igual a ella. Las dalmáticas se completan con unos collarines independiente que se ajustan con cordones.
  3. Casulla: vestidura propia del sacerdote cuando celebra la misa. Cubre la parte delantera y trasera pero no cuenta con mangas.
  4. Capa pluvial: prenda propia para el uso en exteriores, de allí proviene el término “pluvial”: para la lluvia. En su centro se cose otra pieza, llamada capillo, que es una reminiscencia de la capucha. La usa el sacerdote en procesiones.
  5. Frontal de altar: adorno que se coloca delante del altar para embellecerlo y marcar su dignidad.
  6. Estola: banda alargada que se coloca alrededor del cuello. Es propia de los ministros que han recibido el orden sacerdotal. Los sacerdotes la llevan colgada a ambos lados del cuello, los diáconos en cambio en diagonal desde el hombro izquierdo hasta el costado derecho.
  7. Manípulo: pequeña banda de tela que llevaban tanto el sacerdote, como el diácono y el subdiácono colgada del brazo a modo de pañuelo. Actualmente está en desuso.
  8. Bolsa de corporales: carpeta en la que se guardan los corporales, es decir, el pequeño mantel sobre el que se colocan el cáliz y la patena.
  9. Cubrecáliz: paño que, como su nombre indica, cubre el cáliz y la patena hasta que comienza la liturgia de la eucaristía en el ofertorio.

El color rojo se utiliza en las fiestas de la Pasión (Domingo de Ramos y Viernes Santo), en las fiestas del Espíritu Santo (Pentecostés) y en las fiestas de los santos mártires (como el apóstol San Pedro, a quien está dedicada la capilla parroquial de la que proviene el terno).